JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, 30 de enero de 2025.

Día fresco y oscuro. Sopla viento fuerte de poniente. El mar ofrece una tonalidad verdiazulada y la superficie encrespada por los rachas ventosas. Éstas son aprovechadas por las gaviotas que vuelan en dirección contraria para planear y fortalecer las alas. Con la salida del sol cambia el panorama. Las nubes se vuelven blancas con ciertos matices rosaceos. Avanzan a cierta velocidad desde Occidente a Oriente, como si quisieran contemplar el incandescente y esférico sol.

Ya al atardecer, después de una reunión de la trabajo en el instituto, me he acercado al mirador de Benzú para disfrutar de la luces crepusculares. En la entrada del mirador me he encontrado con mi amigo Álvaro Velasco. Después de charlar un rato, me he asomado a la bahía de Beliunex presidida por la imponente figura del Atlante dormido. El Estrecho de Gibraltar se atisba con gran nitidez.

El viento de poniente ha limpiado el cielo de nubes y ha provocado una apreciable baja de temperatura. Aguanto el frío de manera estoica con la mirada puesta en una pareja de cuervos que han tomado posición en un privilegiado balcón, como si fuera el nido de Simurg, para observar las últimas luces del día.

Me percato de la presencia de los cuervos por sus graznidos, que el viento ha acercado hasta donde me encuentro. El sol, que ha caído detrás del Atlante, perfila su silueta petrea. No podía terminar mejor el día que tomándome un buen té moruno preparado con esmero por mi amigo Mohamed. Al llegar al cafetín he escuchado la llamada del muecín.

He vivido un momento mágico en el que han coincidido el canto del muecín, el ocaso del sol, el sonido de las olas, el olor a carbón de encina y el sabor amargo del té con hierbabuena preparado en un recipiente de latón calentado en un anafe.

 

Mientras me tomo el té pienso en la pareja de cuervos con los que he coincidido contemplando el atardecer. Quién sabe si se trata de la misma pareja a las que comparto el alba los sábados en el mirador del Desnarigado. Dicen que los cuervos son muy inteligentes y no tienen buena fama, ya que son considerados pájaros del mal “agüero”. A mí, por el contrario, no solo los considero inteligentes, sino igualmente sensibles a la belleza.

Al ver esta pareja de cuervos he pensado en mi vida y en la de Silvia. Me gustaría que cuando dejemos este mundo nos reencarnemos en una pareja de cuervos para dedicar todo el tiempo a presenciar los amaneceres y atardeceres de Ceuta y pasar el resto de la jornada surcando el cielo y disfrutando dede las alturas de la belleza de Ceuta.

Con la llegada de la noche vuelve a ser visible la brillante Venus a cierta altura sobre el pecho del Atlante. Entre su cúspide y Venus se establece un eje que une la tierra y el firmamento, además de servir de camino a la puerta del cielo. Esta noche el eje axial esta remarcado por la presencia de Saturno.

Aguardo a la aparición de la luna que completara el Axis Mundi, un tiempo que aprovecho paa viajar imaginalmente al pasado. Me entremezclo con los ocupantes del abrigo de Benzú absorto como ellos mientras que contemplamos el encendido de los astros y sus conjunciones. Todos miran al chamán esperando que, guiados por su intuición, interprete estas señales en el oscuro firmamento. La noche hace desaparecer la montaña mágica adorada desde tiempos inmemoriales.

Todos esperan, como yo, a la intrigante luna en su constante lucha contra la oscuridad que la devora y que cada dos semanas, tras su aparente muerte, resucita de nuevo para vencer a su sombra.

La última llamada al rezo me devuelve al presente.

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