Ceuta, 8 de marzo de 2026.
No parece que vayamos a tener un amanecer extraordinario en esta mañana de domingo. Las nubes cubren la mayor parte del cielo, con la excepción de una ranura horizontal cercana, nunca mejor dicho, al horizonte.

Son las 7:10 h y resulta reconocible un intenso azul en las nubes, como si hubieran absorbido la tonalidad de la noche. El mar está en calma y sirve de espejo de las luces cobrizas del amanecer. Se asemeja a una aurora boreal reflejada en la superficie marina.
La abertura de las nubes hace el efecto de un filtro entre el cobrizo y el blanco. A las 7:25 h la franja abierta en el cielo torna a naranja. Ya comienza a verse el cielo aborregado, entre el azul y el gris.
Las nubes ocultan el arrebol que empieza a extenderse como una mancha rojiza que empapa las nubes.
El amanecer ha resultado discreto, aunque diferente por la franja verde visible sobre el horizonte. Menos discretas son las gaviotas de Audouin, con su continuo griterío.

Cuando pensaba que el alba no iba a ofrecerme nada más digno de mención, las nubes han adquirido una tonalidad violácea, a la que ha seguido una explosión dorada que ha impactado contra la punta del Desnarigado y cuya onda expansiva ha pintado de oro el mar.

Después del amanecer, las gaviotas de Audouin se han calmado, lo que permite que se escuche el canto de los bulbues naranjeros y los pinzones.

Con la plena luz del día observo, a la lejanía, las cumbres nevadas del Yebel Kelti, Tissouks y Yebel Lakra. Disfruto al mismo tiempo de la inmensidad del mar y del cielo, en el que nubes estirazadas se asemejan a las estelas de un ángel o del mismo Dios.

Desde Punta Almina diviso el Estrecho de Gibraltar, con una mar tan en calma que es posible localizar, a simple vista, los bancos de peces.
No corre el viento, pero la brisa es húmeda y penetra hasta los huesos.
Se cruzan, a corta distancia, un cormorán y un alcatraz. Ambos vuelan rozando sus cuerpos con la lámina de agua. Más alejado lo hacen las gaviotas patiamarillas.
Los abundantes peces que se concentran en el entorno de Punta Almina atraen a los barcos de pesca deportiva. Como le escuché decir esta mañana a un paseante, con el que coincido con frecuencia en el monte Hacho, “Ceuta es pura vida”.
Me fijo en las nubes. Fragmentos de ellas caen sobre las montañas, como si alguna fuerza las atrajera.
