Ceuta, 14 de marzo de 2026.
Esta noche he vuelto a dormir mal. Llevo unos cuantos días muy inquieto con todas las cosas que tengo pendientes. Me desperté sobre las 5:15 h y ya no he podido recuperar el sueño. Puse el despertador a las 6:30 h para venir a contemplar el amanecer. Las previsiones decían que hoy podríamos disfrutar de un buen amanecer y así está siendo, después de mucho tiempo.

Una amplia franja anaranjada se extiende por el horizonte y la luna se observa en su fase decreciente. En unos días acabará el ciclo lunar y con él el mes sagrado del Ramadán. Son las 7:10 h y el arrebol comienza a hacerse presente.
El día empieza a clarear y ya domina el celeste del nuevo día. La tonalidad rojiza del amanecer no deja de extenderse por todo el horizonte y llega a Cabo Negro. En Ceuta, las nubes oscuras cubren el paisaje. Parte de estas nubes se desplaza hacia el este, empujada por el frío aliento de Céfiro. Ya no necesito la linterna que me pongo en la frente para poder escribir en la oscuridad.
Queda un cuarto de hora para la salida del sol y se aproxima un refuerzo de nubes para tapar el cielo celeste. Son nubes que se mueven con relativa rapidez.
Llega la pareja de cuervos. Uno de ellos se encarama al poste y el otro sobrevuela la cala del Desnarigado. Al unísono, las gaviotas de Audouin despegan de su dormidero y empiezan a volar en círculo a pocos metros de los acantilados. Da la impresión de que han querido estirar las alas.

A las 7:30 h soplan gélidas ráfagas de viento. Espero la llegada del sol para que caliente mi cuerpo. Quedan apenas cinco minutos para el amanecer. Una ranura rojiza y luminosa aparece en el lugar donde saldrá el sol. Lo hace a las 7:32 h. Ofrece un color entre rojizo y dorado. Su posición está alineada con el castillo del Desnarigado y el mirador de Santo Matoso, desde el que contemplo el alba.
El sol asciende lentamente para ocultarse tras las nubes. Al hacerlo, tiñe las nubes cercanas con su color rojizo. El viento mueve las nubes, como si quisiera correr el telón que impide ver un espectáculo fascinante. Yo aguardo expectante a que la mano divina que mueve las nubes acabe su trabajo. Me preparo para ser testigo de una explosión de luz, en forma de haces luminosos que se proyectan en el mar y dibujan una senda de luz dorada que une al sol con el fuerte del Desnarigado. Con las primeras luces se observan pequeñas olas blancas, en la que se confunden las gaviotas.
Ya no es posible mirar directamente al rostro redondo y dorado del sol, que ha quedado despejado de nubes. Su luz radiante anima a los bulbues naranjeros a iniciar sus melodiosos cantos.
A las 8:00 h escucho el toque de corneta que suena entre los muros de la fortaleza del Monte Hacho. Los sones militares se mezclan en Ceuta con los graznidos de las gaviotas. Mar y ejército son enseñas reconocibles de Ceuta y símbolos de su patrimonio natural e histórico.

El sol vuelve a esconderse tras las nubes. Siento de nuevo el frío y percibo el oscurecimiento del día. Los rayos solares intentan romper las nubes para iluminar los paisajes.
Me pongo en movimiento para entrar en calor y estirar las piernas. Llevaba casi una hora sentado contemplando el amanecer y escribiendo.
Escucho a una primilla que termina posándose en un poste de la luz, desde el que emite con fuerza su agudo chirrido.
El cielo se está oscureciendo y, como consecuencia, también lo hace el mar. Nubes grisáceas toman Ceuta. Es posible que descarguen agua.

Hace frío en la bahía norte, en concreto en Punta Almina. Bajo hasta el fuerte del mismo nombre, disfrutando de la fragancia de las primeras flores de los erguenes y los escobones. Sus flores amarillas contrastan con el verde de la vegetación y el azul verdoso del mar.
Desde la Sirena de Punta Almina observo el vuelo de un par de jóvenes cormoranes que sobrevuelan los acantilados y se lanzan en picado al mar para pescar. Me quedo absorto contemplando la belleza de los afilados y altos acantilados entre Punta Almina y la Punta de las Cuevas. También sigo con la mirada a un alcatraz y a las gaviotas patiamarillas que aquí anidan.
El mar está grueso y erizado por el viento de poniente.

Este es un lugar de increíble belleza, en el que siento la fuerza del mar y del viento. Aquí los sentidos se despiertan y experimentas un profundo sentimiento de amor a la naturaleza, así como una emoción que recorre tu cuerpo, como si fuera una descarga eléctrica. Te sientes observado por los dioses, que reclaman la autoría de la belleza de este sitio. La imaginación vuela con la misma altura y elegancia de las gaviotas y te permite ver con los ojos del corazón lo que es y lo que podría ser este lugar cultivado por la mano cariñosa de los seres humanos.
En este momento están restaurando el edificio de la Sirena, pero el fuerte de Punta Almina sigue abandonado.
Comienza a llover débilmente y con ella me llega un pensamiento o, más bien, un deseo: quisiera que mis escritos en la naturaleza sirvieran al noble propósito del reconocimiento de la sacralidad, la magia y la belleza de Ceuta. No anhelo la fama ni, mucho menos, el poder y el dinero. Me siento muy bien remunerado con todas las experiencias significativas, las emociones sentidas y los pensamientos que han alcanzado mi mente y que he podido plasmar en mis cuadernos.
Ayer leí una encuesta que decía que Ceuta era el lugar de España que ofrece la peor calidad de vida a sus habitantes. No hace falta decir que disiento de esta opinión emitida, seguramente, por personas que nunca han visitado Ceuta. Quienes la han visitado o vivimos aquí sabemos que en pocos lugares se vive tan bien como en Ceuta. Cada día que pasa aprecio más la hospitalidad y bondad de sus gentes, la esencia y sabiduría que desprende y la belleza de sus paisajes, inundados por la luz y los colores de sus amaneceres y atardeceres. La fuerza vital empapa y envuelve este lugar mágico y mítico que atrae a innumerables formas de vida y, en especial, a los seres humanos que a lo largo de la historia han encontrado aquí un refugio para sus embarcaciones y un espléndido espacio en el que vivir, amar y morir. Quienes lean estas palabras pueden acusarme, con toda razón, de no ser objetivo. Pero, ¡Quién lo es cuando se ama a un lugar, o a una persona, con toda su alma! El amor es lo que nos hace sentirnos vivos y lo que da sentido a la vida, en la que también nos acucia el sufrimiento y el dolor.
