JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
IMG_0790

Ceuta, 8 de diciembre de 2021

Las previsiones meteorológicas no han fallado. Hoy el día ha amanecido nublado y con serias amenazas de un fuerte vendaval. Cuando he llegado al campo de tiro de la Lastra todavía las nubes daban una breve tregua al grupo de excursionistas que habían aparcado al lado mía. Ellos han tirado por el sendero que lleva a los Hornillos, mientras que yo he seguido por la pista de la Lastra camino al santuario de la Virgen del Rosario.

A pocos metros he parado para contemplar y fotografiar el amanecer. Las nubes cubren Ceuta, pero respetando la esbelta figura de la península ceutí. El anuncio de la pronta llegada del astro rey se celebra pintando las nubes de rosa, naranja y amarillo hasta que el color dorado del sol inunda la franja despejada entre el mar y las nubes. Justo cuando el sol empieza a emerger del mar comienza a llover de forma débil.

Esta coincidencia de la lluvia y los primeros rayos solares hace que se dibuje un hermoso arcoíris que une el Estrecho de Gibraltar con el santuario de San José. El perfil del arcoíris y la intensidad de paleta de colores se intensifica según pasan los minutos. Para dar aún más relieve a la escena, la diosa traza una segunda cúpula multicolor que genera en su interior un espacio mágico y sagrado al que me dirijo haciendo frente a las fuertes ráfagas de viento y lluvia.

Al llegar al santuario siento que la lluvia hace una breve pausa que aprovecho para buscar refugio en la capilla de los Arcángeles, donde me siento a escribir. La lluvia fina sigue cayendo sobre este lugar e imagino que sobre toda Ceuta. Cuando iba a escribir que viento se ha calmado, una ráfaga de viento aprovecha el valle de San José para llegar hasta el mar. Estas ráfagas de viento acechan al santuario y hace cimbrear a los árboles que están contentos con esta nutritiva agua. De repente, el cielo se oscurece y empieza a llover con gran intensidad. Es tal la oscuridad que da la sensación de que la noche ha regresado cuando no hace ni una hora que empezó el día.

Este refugio hecho de troncos de madera me recuerda a la cabaña que Henry David Thoreau construyó junto al lago Walden. Allí vivió dos años y algunas semanas para aprender todo lo que la naturaleza tuvo a bien enseñarle. Su primera lección fue la simplicidad. Tal y como estoy yo hoy experimentando, no se necesitan grandes cosas para disfrutar de un día de descanso. Basta con contemplar un bello amanecer, observar una doble cúpula de arcoíris, escuchar la lluvia u oler a tierra mojada. Percibiendo todas estas sensaciones el alma se expande, entra en contacto con el espíritu del lugar y se abren las puertas al mundo imaginal en el que habitan las criaturas del bosque y el guardían de este valle y de la fuente del agua de la vida.

La lluvia vuelve a caer con cierta intensidad en este preciso instante. Esta agua caída revitaliza la naturaleza, mi propia alma y el Alma del Mundo.

Me asomo al arroyo para comprobar si lleva agua. La lluvía caída no ha sido lo suficientemente importante para que discurra por el cauce humedecido, pero seco. Es necesario que siga lloviendo durante varios días seguidos para que los acuíferos se llenen y mantenga vivo el arroyo de San José. Este último comentario merece una matización, como me recuerdan los árboles y las aves que me rodean. Este lugar está pleno de vida. Una vida que siento con fuerza y que me protege de cualquier brote de soledad y melancolía. Por el contrario, me embarga una sentimiento de alegría y plenitud intensificado por la repentina entrada de una luz envolvente que devuelve los colores a la naturaleza circundante.

La lluvia se resiste a irse manteniendo a raya al viento. Es una lluvia muy fina, de la que cala hasta los huesos. De hecho siento este frío humedo en este momento. La lluvia es tan tenue con las nubes que la portan. Se transparentan tanto que pueden tras ellas al cielo celeste. Me asomo con prudencia, ya que los ceutíes sabemos lo traicionero que es el vendaval. Junto es lo que sucede. Es poner un pie en el umbral del refugio  y cae uno nuevo chapetón.

Aprovechando que ha escampado, me acerco al manantial. Al asomarme a la alberca, un sapo se introduce en el agua y permanece inmovil bien disimulado entre la hojarasca depositada en el fondo. Acto seguido visito la hornacina con las estampas de la Virgen del Rosario. Le pido que vele por la salud de mi familia y de todos mis allegados.

De camino de regreso fotografio las verdes hojas de los acantos sobre las que se acumulan las gotas de agua. Me paro bajo el tronco de un majestuoso alcornoque a meditar y escribir.

Leyendo estos días el libro “Naturaleza y Espiritualidad” supe que hoy se conmemora el despertar de Buda. En este día los seguidores de Buda hace lo mismo que estoy haciendo yo para meditar, tal y como hizo su maestro durante tres años hasta alcanzar la iluminación.

El árbol de Buda es un símbolo del árbol de la vida que aparece en otras tradiciones espirituales. Se cuenta que en Ceuta, o en sus alrededores, se encontraba el jardín de las Hespérides presidido por el manzano de los frutos dorados que otorgaban la inmortalidad a quien lo comiese.

Esta mañana, al amanecer, he sido testigo de la formación de un puente multicolor que ha unido las profundidades del mar con este santuario y puede con este árbol bajo el que ahora escribo. Este magico haz de luz multicolor ha despertado en mí la visión de una naturaleza acogedora y agradecida por mi labor de darle voz a toda la bondad, la verdad y la belleza que posee y ofrece de manera generosa a todos aquellos que desean aprender de ella. La lección de hoy ha consistido en recordarme la felicidad qeue me aporta estar inmerso en la naturaleza sintiendo como me observa y abraza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *