Ceuta, domingo, 23 de julio de 2021.
Hoy hemos quedado un grupo de amigos para explorar lo que podría ser una antigua mina localizada en el entorno del fuerte de Anyera. Quien nos la va a mostrar es Jesús, más conocido en la red sociales como Hari Suso. En esta excursión hemos participado, además de Jesús, Paco Pereila, Óscar y mi querido amigo Jotono, ausente de Ceuta durante los últimos cinco meses. Una vez reunidos en el cruce del Monte de la Tortuga, hemos subido por la empinada cuesta que lleva hasta la valla perimetral del cuartel de García Aldave. Siguiéndola hemos llegado hasta el camino que conduce al fuerte de Anyera. Desde allí hemos bajado por la ladera sur, donde se encuentra la posible mina. Poco hemos podido ver, ya que se encuentra cegada con tierra. En su entrada se aprecia que sus paredes laterales están enfoscadas con piedras y un mortero resistente. Según Paco Pereila, podría corresponder a una antigua construcción militar, cuya función desconocemos, aunque no podemos descartar de que se trate de la entrada de una mina.

Jesús no ha propuesto llevarnos a ver una antigua garita de vigilancia del perímetro fronterizo y un respiradero vertical de catorce metros de profundidad que perteneció a un búnker militar subterráneo. Para llegar a estas instalaciones militares hemos tenido que descender por una ladera con una fuerte pendiente cubierta por pinos, eucaliptos y frondosos helechos.

A mitad de la cuesta vimos un llamativo afloramiento rocoso que decidimos investigar en nuestro camino de regreso. Lo que allí identificamos, gracias a los amplios conocimientos geológicos de Paco, es una acumulación de grandes bloques de cuarcita que, en su conjunto, ofrece una bellísima estampa.
Mientras que el resto del grupo expedicionario nos quedamos observando los grandes bloques de cuarcita, Jesús tomó la iniciativa de explorar las inmediaciones para ver si era posible localizar unas piedras verticales que son conocidas con el apelativo de los Penitentes.

A los pocos minutos escuchamos los gritos de Jesús, que emocionado, nos urgía a que nos acercáramos hasta donde él estaba para ver que viésemos lo que había descubierto. Se trata de unas enormes piedras dispuestas verticalmente y de una altura superior a los dos metros. Un poco más hacia abajo localizamos dos grandes afloramientos cuarcíticos de forma triangular entre los que es posible atisbar uno de los “menhires” naturales a los que me referí con anterioridad. Desde la base de estas impresionantes pirámides de cuarcitas las vistas son espectaculares.


Allí improvisamos unas declaraciones que grabó Jesús con su cámara en las que comenté mi sorpresa por este conjunto megalítico natural, que bien podría haber servido de santuarios en tiempos prehistóricos. Habría que hacer un estudio arqueológico de este lugar para corroborarlo o descartarlo. Este tipo de piedras inspiraron desde los orígenes de la humanidad a aquellos que, buscando la trascendencia, procuraron conectar la tierra y el cielo mediante estas grandes piedras que apuntan al cielo. Todavía debían llamar mucho más la atención aquellas piedras verticales en las que se adivina una figura en la que se mezclan rasgos antropomorfos y animales, como es apreciable en uno de los llamados “Penitentes”.

Otra idea que me surgió al contemplar estas grandes piedras de cuarcita fue la riqueza y diversidad del patrimonio natural y cultural de Ceuta. Es sorprendente que un espacio tan reducido se dé tal acumulación de elementos de interés patrimonial. No menos llamativo es que sigamos acumulando hallazgos. Esto demuestra la importancia de una exploración minuciosa y de primera mano del territorio por especialistas en distintas disciplinas científicas, como la geología, la biología y la arqueología. Representantes de estas tres ciencias nos dimos cita en las piedras de los Penitentes y cada uno de nosotros aportamos nuestra particular interpretación de este espectacular lugar al que estoy seguro regresaremos pronto para estudiarlo con más detalle.
