Ceuta, 21 de diciembre de 2021.
Llevamos varios días de levante, aunque ahora parece, por el frío que hace, que el viento estuviera rolando a poniente. Las campanas de la ermita de San Antonio repican al tiempo que el sol moribundo se hunde tras el boquete de Anyera para renovarse y resucitar mañana con fuerza. Hoy es el día del solsticio de invierno y damos la bienvenida al invierno. El sol inicia su proceso de revitalización.

El mar está en calma después de muchos días agitado. Todo está impregnado por un monocromo gris que presagia una lluvia que no termina de iniciarse. La inmensidad del mar me abruma y conmueve. De manera sorprendente, Céfiro, con su frío aliento, retira las nubes que cubren Sierra Bullones cuando apenas faltan unos minutos para la hora prevista del atardecer. Lo que hace unos instantes parecía imposible, la naturaleza lo logra con facilidad redibujando completamente la escena que tengo delante. Si hace un rato escuchaba el repicar de la campanas de la ermita de San Antonio, ahora me llega la voz del almuédano que llama a los musulmanes a la oración con la que se despide el día y el otoño.

Espero pacientemente a que la noche se apodere de Ceuta, mientras disfruto del encendido de la ciudad que me invita a la reflexión. El cambio de estación es un buena ocasión para hacer balance de tu existencia, renovar compromisos y plantearte nuevas metas. Lo que ahora me viene a la cabeza es mi deseo renovado de absorber el espíritu de este lugar y darle forma de prosa poética. Me siento afortunado por haber nacido y vivir aquí, en esta pequeña y bella península bañada por las aguas del Océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Este lugar clama a gritos que lo escuchemos y tomemos conciencia de su sacralidad y magia. Yo vengo escuchando la voz de la Gran Diosa desde hace varios años. Ella me invita a visitarla con frecuencia y a integrarme en la naturaleza para transformar en palabras todo lo que percibo, siento y pienso.

Durante mucho tiempo me dedique con ahínco a profundizar en el pensamiento hasa que a comienzos del año 2015 entré en un proceso de arrebatadora intuición en el que la diosa me desvelo las claves del espíritu de Ceuta. A los pocos meses ocurrió algo extraordinario. Las intuiciones se vieron confirmadas por una serie de hallazgos arqueológicos que me permitieron tener en mis manos la imagen arquetípica de la diosa. Este acontecimiento supuso el despertar definitivo de mi alma, ansiosa de amor, verdad y belleza.
Mis paseos por la naturaleza se convirtieron en una necesidad vital para mí y en una desbordante fuente de alegría y felicidad. Fui rellenando cuaderno tras cuaderno con mis escritos sobre la naturaleza y mis reflexiones sobre el espíritu de Ceuta. Parte de estos relatos forman parte de mis libros “El Espíritu de Ceuta” y “Arqueología del Alma”. No obstante, quedan muchos relatos por publicar y así compartirlos con los demás.
La diosa ha querido darme la tranquilidad que aporta tener una trabajo fijo y estable en el que, además, tengo la posibilidad de compartir mis ideas con mis alumnos y alumnas. Espero despertar sus sentidos corporales y sutiles para que perciban la magia y la belleza de Ceuta. Quisiera también enseñarles a pensar y a hacer realidad sus sueños. No es nada fácil lo que me planteo. Captar la atención de los jóvenes resulta harto complicado en un mundo dominado por las máquinas y los dispositivos electrónicos.
El mito de la máquina se ha convertido en el relato dominante en la actualidad, aunque lleva siglos controlando la mente de amplias capas de la sociedad. La Res Machina ha desplazado a la Res Natura. Lo mecánico se ha impuesto a lo orgánico. El modelo de referencia para el diseño del sistema económico, social y político es la máquina y no la naturaleza. Los seres humanos estamos sufriendo un proceso de atomización y uniformización con el propósito de hacer de cada uno de nosotros piezas fácilmente intercambiables mientras que prosigue el ensamblaje de la megamáquina. Todavía estamos a tiempo de escapar de los ferreos barrotes que no nos dejan contemplar la naturaleza y vivir al aire libre. Resulta imposible que huyamos de la prisión maquinal si antes no tomamos conciencia de que estamos presos dentro de la cárcel que han construido a nuestro alrededor y en la que nos obligan a realizar trabajos forzados consistentes en levantar los mismos muros que nos impiden vivir una vida digna de ser vivida.
En Ceuta, durante la época del penal, se organizaron numerosas brigadas de peones de fortificación dedicadas a levantar las murallas que servían a un doble propósito: impedir la huida de los propios confinados y disuadir a las potencias extranjeras interesadas en la ocupación y control de una lugar tan estratégico como Ceuta. Estas motivaciones no seran ajenas a los esforzados presos condenados a picar piedras, cargarlas y levantar anchas murallas y otras construcciones militares. En la actualidad los muros que nos obligan a erigir son más sutiles y por ello más difíciles de percibir. Además se han preocupado de manipular nuestra voluntad mediante ingeniosos sobornos. El plan es convertirnos en automatas sin pensamiento propio ni capacidad de reacción.
