JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, 12 de octubre de 2024.

Durante toda la semana he estado pendiente a las previsiones meteorológicas que daban agua para todo el fin de semana. Ayer descargó bastante lluvia sobre Ceuta al mediodía, pero luego el día se abrió. Para esta mañana se preveían lluvias, sin embargo, no es lo que ha sucedido. Por el contrario, he disfrutado de un bello amanecer que ha premiado mi osadía de ignorar lo que anunciaban las páginas meteorológicas.

A los pocos minutos de la salida del sol éste se ha ocultado tras una franja de oscuras nubes que se dirigían a toda velocidad hacia la península. Más que nubes, parecían el humo provocado por una lejana hoguera.

Resulta llamativo lo rápido que las nubes reconfiguran el panorama, a lo que contribuye las sucesivas apariciones y ocultamientos del sol. Regresa en el momento en el que siento la humedad reinante en Punta Almina. Estoy siendo testigo privilegiado del relevo de los dos vientos dominantes en Ceuta: el de levante y el de poniente. El primero ha sido responsable de la imagen despejada del horizonte y del cielo celeste que ha servido de telón de fondo al alba. Las nubes, sin lugar a dudas, se dirigen al Mediterráneo, pero en unos minutos el dios Euro ha logrado el dominio de Ceuta y del Estrecho de Gibraltar trayendo una humedad que siento en el cuerpo y aprecio en el papel del cuaderno. Una neblina pegajosa domina la atmósfera y el cielo se ha vuelto ceniciento.

Me apetecía estar cerca del mar para deleitarme con sus colores, movimientos, olores y melodías. Por desgracia, también me llega el sonido hueco de los disparos de los cazadores. Po lo demás, en la cala del Desnarigado disfruto de la soledad buscada. Mi única compañía son algunas gaviotas patiamarillas que merodean la ensenada buscando comida.

He buscado al sol para combatir la humedad. Su calor me reconforta y relaja. Dirijo mi mirada despreocupada al mar y observo el vuelo, a ras de la superficie marina, de una pardela cenicienta. Ya ha comenzado el espectáculo natural de otoño en el litoral de Ceuta. Al fijarme con más detalle observo que el paso de las pardelas es constante y cercano a la costa. También llega hasta la cala una garceta para descansar y, de paso, para pescar algo si la ocasión se presta. Prueba fortuna en la misma orilla buscando alimento entre las algas arrastradas por el mar a la orilla. Luego va saltando de roca en roca, lo que me permite disfrutar de su estilizada y elegante figura.

La luz, que comienza a ser más intensa, metamorfosea el paisaje devolviendo el color rosáceo a las flores del limonium y mostrando el verde esmeralda del fondo marino.

Paseo por la orilla, como hace unos minutos lo hizo la garceta, y detecto la gran cantidad de plásticos que corriente ha devuelto a la tierra. Resulta evidente, por los envoltorios, que parte de esta basura procede de Marruecos.

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