Ceuta, 13 de noviembre de 2025.
Es curioso de que manera cambian los planes. Ahora tendría que estar empezando un curso que a última hora se ha suspendido, lo que he aprovechado para acercarme al mirador de Santo Matoso. Desde aquí soy testigo de la llegada de la lluvia a Ceuta. En esta posición se distinguen a la perfección dos frentes lluviosos: uno en la direccion de Cabo negro; y otro que ha tomado la trayectoria de la cala del Desnarigado. Entre ambos se aprecia un claro que los separa.

El cielo está totalmente encapotado y ofrece una amplia gama de grises que se proyectan sobre un mar en calma. El color que adopta la superficie marina es el de un intenso gris azulado.
El frente que se dirige hacia la costa tetuaní es más oscuro y azulado y da la impresión de que pierde intensidad según descarga el agua que contiene. Por su parte, el que se acerca a Ceuta es blanquecino por efecto de la lluvia.
En general, asociamos los días lluviosos con la tristeza, la melancolía y decimos que es un “mal día”, pero yo encuentro en esta tarde una extraordinaria belleza en el panorama que tengo ante mis ojos.

Desde el mirador de Punta Almina se atisba con nitidez la curva que une Europa y África tomando como centro el Monte Hacho. En el Estrecho se han extendido las nubes en líneas horizontales que dejan ver el celeste del cielo. Las últimas luces del día encienden las fachadas de los edificios de Gibraltar y las chimeneas de las industrias campogibraltareñas. Al mirar hacia oriente se nota que la borrasca está asentada sobre Málaga y la costa de Granada, donde las lluvias están siendo muy fuertes en este momento.

Resulta llamativo tener a mi alrededor unas densas y oscuras nubes y, al mismo tiempo, observar un paisaje relativamente despejado desde Estepona hasta Hafa Qeddana. Es incluso posible que se llegue a ver el sol antes de esconderse tras el Yebel Musa.

Causa inquietud las negras nubes que se acaban de situar sobre el Monte Hacho, cuyos largos brazos se extienden hasta el Yebel Musa para tapar la estrecha ranura por la que pueden colarse los rayos de sol, pero al final consiguen atravesar las nubes.
Las olas parecen proceder del norte, como si una extraña fuerza las empujara contra Ceuta.
Es evidente que la lluvia está cayendo con intensidad sobre Cabo Negro y pronto llegará a Ceuta.
Las nubes se han aliado con la noche para descorrer un manto de oscuridad sobre Ceuta, si bien la luz ha encontrado un refugio momentaneo en Occidente. La luz se derrama sobre las plácidas aguas del Estrecho coloreando de celeste la superficie marina.

Es a esta hora, cuando el sol definitivamente se oculta, cuando las nubes avanzan a mayor velocidad desde el oeste.
La referida franja celeste de una belleza conmovedora y lo es todavía más cuando por efecto del ocaso se va tornando rosácea.

Mucho más oscuro es el azul del cielo decadente en oriente. Las nubes van adquiriendo una tonalidad violácea que se refleja en el mar, lo que trae a mi memoria las descripción de estas aguas que incluyó Homero en su “Odisea”.

El frente lluvioso ha tomado el camino abierto del Estrecho de Gibraltar. Su llegada es precedida por un viento fresco que hasta ahora no había hecho acto de presencia.
