JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, domingo, 21 de septiembre de 2025.

 

Llevo varios días que no duermo bien. Me despierto en mitad de la noche y luego me cuesta conciliar de nuevo el sueño. Hoy estaba pendiente del despertador. Dudaba si levantarme o no para presenciar el amanecer. Las previsiones anunciaban que la mañana estaría cubierta de nubes, pero no especificaban de qué tipo. Finalmente, a las 7:20 h, tomé la decisión de coger mis cosas y salir al encuentro del sol. Ahora que estoy sentado en los escalones que llevan a la “Sirena de Punta de Almina”, no me arrepiento en absoluto.

Delante de mí tengo una atractiva imagen del Estrecho de Gibraltar cubierto por nubes bajas que se apoyan de manera plácida sobre el mar. De la costa peninsular solo se dejan ver las cumbres de Getares. Por encima de la espesa niebla, el cielo está despejado, aunque con algunas nubes que adquieren un matiz rosáceo en los instantes previos a la salida del sol. Por su parte, la niebla toma prestado del cielo su color azul que, en algún momento, se asemeja al morado. Esta tonalidad se hace evidente en el lugar donde emerge el sol cubierto por la niebla.

La llegada de la luz me permite apreciar las nubes que cubren el Estrecho de Gibraltar. Da la impresión de que se eleva como la masa de un bizcocho al que se le ha añadido una excesiva cantidad de levadura. Escucho el sonido de las sirenas de los barcos que atraviesan el Estrecho de Gibraltar o quieren entrar o salir del puerto de Ceuta. La nuestra, la Sirena de Punta Almina, enmudeció hace muchas décadas y sigue pendiente de que se le dé algún uso.

La niebla, al retirarse por oriente, allí donde la luz del sol empieza a resultar cegadora, deja ver la tranquila superficie marina sobre la que sobrevuelan algunas pardelas cenicientas.

La niebla, que hasta hace un momento parecía que se retiraba, ha tomado el Monte Hacho, borrando la panorámica de la que estaba disfrutando. Por fortuna, es algo pasajero, pues dura apenas unos minutos.

Pienso que debería ser terrible para los antiguos navegantes verse inmersos en una niebla tan espesa sin los actuales sistemas de localización y orientación. El peligro de perder el rumbo o encallar entre las rocas debía ser motivo de inquietud para los intrépidos hombres del mar. Puede que para alertar de su presencia cantaran imitando a las sirenas que intentaron cautivar al desdichado Ulises.

La niebla también atrae a los delfines a la costa, en esta época plagada de peces. Veo algunos delfines cerca de Punta Almina, pero al dirigirme al faro, atisbo una gran manada cerca del fuerte del Desnarigado que se aleja en dirección al mar abierto siguiendo los bancos de peces.

Hoy hay muchos barcos de pesca deportiva por esta zona. Hay quienes prueban suerte desde los arrecifes y otros desde los kayaks.

Pasados unos minutos, observo mucho movimiento en el entorno de la cala del Desnarigado. Allí se concentran un elevado número de delfines, aves y atunes que saltan para capturar peces voladores y nadan a tal velocidad que se asemejan a potentes torpedos.

 

El mar burbujea de vida entre la punta del Desnarigado y el garitón de Alfonso Díaz. El espectáculo que presencio me hace pensar en la actividad pesquera y salazonera durante la Ceuta romana. No me extraña que en las piletas de salazones que documenté en la calle Jáudenes aparecieran varios huesos de delfines. Debía ser muy frecuente que estos bellos cetáceos quedaran atrapados en las redes de pesca que se utilizaban para capturar atunes. Pienso también en las distintas maneras de percibir y sentir la naturaleza. Muchos no la miran y, por tanto, no ven nada. Otros la observan con curiosidad científica y unos pocos con el entusiasmo y la sensibilidad de un filósofo y místico de la naturaleza.

Según pasa el tiempo, encuentro más argumentos para avalar mi idea de que Ceuta es un santuario de la vida. Podría escribirse un calendario repleto de acontecimientos de la naturaleza vinculados a los movimientos migratorios de cetáceos, túnidos, aves, mariposas, libélulas y una larga relación de otras especies de seres vivos.

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