JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, 27 de octubre de 2022.

Día nublado y humedo. Hoy, como hace un par de días, he dejado a Sofía en el colegio y me he venido paseando hasta la cala del Desnarigado. Al llegar al inicio del camino de Ronda he divisado a los lejos un grupo de delfines y dos grupos bastante nutrido de pardelas cenicienta.

Cuando he llegado a la ensenado del Desnarigado me he encontrado con mis buenos amigos José Navarretre y Joaquín López que estaban haciendo conteo del paso de la pardela. Hemos aprovechado la ocasión para hablar de la situación ambiental de Ceuta y de la propuesta de algunos grupos conservacionistas de solicitar una entrevista con el Presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta para presentarle un decálogo de propuestas medioambientales.

Al rato, Pepe y Joaquín se han ido y yo me he quedado en soledad sentado en el extremo del espigón oriental de la cala del Desnarigado. Sentía necesidad de este momento de soledad para reencontrarme conmigo mismo y con la naturaleza. La niebla va tomando esta coqueta cala creando una sensación aún más intensa de misterio y sacralidad. Me siento envuelto por un halo de serena espiritualidad que me transmite paz y armonía. Esta sensación de serenidad se ve reforzada por un mar en perfecta calma que permite observar los abundantes bancos de peces que se alimentan de los nutrientes concentrados por las corrientes marinas en este punto del litoral. Estos peces son, por su parte, alimento para las gaviotas, para otras especies de aves marinas y para los delfines, los cuales, en ocasiones, entran en la propia cala para comer.

El sol va ganando altura y sus rayos procuran disipar la espesa niebla sin mucho éxito por el momento. Esta niebla hace del sol indistinguible de la blanca faz de la luna.

La vida es sobreabundante en Ceuta. Además de los referidos bancos de peces, visibles a simple vista, observo pareja de cangrejos y grandes ejemplares de la lapa “patella ferruginea”, considerada una especie en peligro de extinción.

La marea va subiendo de forma lenta, pero constante, volviendo a humedecer la franja infralitoral rica en biodiversidad.

Cuando alzo la vista de la libreta observo pasar una importante concentración de pardelas.

            Durante unos segundos cierro los ojos y me concentro para escuchar el sonido del mar y su penetrante olor a sal. Sin quererlo me viene el recuerdo el sabor salado en los labios cuando me sumerjo en el mar en los días de verano. No menos agradable resulta sentir la brisa marina en el rostro y en los brazos. Respirar el aire que acaricia la superficie marina me revitaliza.

            Mi atención ahora se dirige a la conversación de las gaviotas apostadas en distintos salientes de los acantilados. Su charla es interrumpida por los estridentes graznidos de una pareja de charranes que irrumpe de manera súbita en el escenario natural desapareciendo con similar fugacidad.

            Llevaba razón Henry David Thoreau al escribir que andar no sólo activa el cuerpo, sino también la mente. De regreso a casa acude a mi mente un pensamiento recurrente: al margen de la ajeteadra vida urbana existe otra realidad que discurre a un ritmo más equilibrado y parsimonioso que es el de la naturaleza. En ella quedan excluidas las prisas y el estrés cotidiano de nuestras vidas humanas. Tendemos a olvidar que más allá de nuestra especie se dan innumerables formas de vida con la misma dignidad que la nuestra. No tenemos ningún derecho a acabar con otros seres vivos por pura diversión, como lo hacen quienes cazan en las laderas del Monte Hacho en este momento. El sonido de los disparos señalan la presencia de estos depredadores inmisericordes.

            Salir del entorno urbano y asomarme a la naturaleza ensancha nuestro campo perceptivo y nuestro mundo interior. De esta forma, tomamos conciencia de que más allá de las calles asfaltadas y los altos edificios de cemento y hormigón existe una realidad más rica, diversa, enriquecedora y nutritiva para el alma. Mi paseo de esta mañana ha logrado desenredar el nudo que tenía en el estómago provocado por mi problema de visión en uno de mis ojos.

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