Ceuta, 21 de diciembre de 2025.
Me he despertado temprano, a las 6:20 h. Durante un rato he estado meditando sobre los sueños de esta noche y he debatido, conmigo mismo, si venir a contemplar el amanecer. Estaba totalmente desvelado, por lo que no consideraba factible volver a conciliar el sueño.
Me he asomado por la ventana y la tímida luz del nuevo día evidenciaba que las nubes cubrían el cielo. Aun así, me he vestido y he salido a la calle. Llovía débilmente, pero al salir del garaje con el coche, la lluvia ha apretado.
Ahora estoy en el mirador de Santo Matoso. Sigue lloviendo y el día está cerrado y oscuro. En esta oscuridad se hacen más visibles las largas luces del faro.

Son las 7:40 h. Una estrecha franja se ha abierto en el horizonte, adquiriendo una tonalidad rojiza, a la que no pierdo de vista. Sigue lloviendo y no tiene pinta de que vaya a conceder una tregua para el amanecer del primer día de invierno. Hoy el solsticio de invierno inaugura la estación más fría del año solar. El renacimiento del sol comienza hoy y en tres días celebraremos el nacimiento de Jesucristo, que en los primeros tiempos del cristianismo tomó el relevo del Sol Invictus.
La lluvia se detiene en este preciso instante, si bien el viento dispersa las gotas, que se esparcen en el aire. Resulta ser una breve pausa, pues enseguida regresa la lluvia. Mientras tanto, el arrebol se extiende por la parte abierta del horizonte, pero es apagado por el manto de lluvia. El frente de lluvia cierra del todo el hueco por el que tendría que observarse la salida del sol.
Una nebulosa rosácea se forma en el horizonte y se va extendiendo. Sin embargo, de nuevo es cerrado por la lluvia. El sol aparece desenfocado por el agua. Luego asciende y se pierde tras las nubes, el mismo tiempo que la lluvia borra su rastro luminoso y desaparece.
