Ceuta, 26 de octubre de 2024.
Hoy he salido de casa temprano. A las 8:05 h estaba asomado a la playa Hermosa, bien merecedora de su nombre. El mar mostraba un brillante azul índigo y sobre el horizonte se apoyaba una luminosa banda anaranjada. La belleza del lugar y del momento resultaba estremecedora. Para completar la composición, la media luna colgaba en el firmamento, que empezaba a clarearse.

El fresco viento de poniente obligaba a abrigarse, en su justa medida. En Ceuta, por lo general, la temperatura es muy suave. En la entrada de la barriada del Sarchal me he encontrado a mi amiga Silvia Cazalla, que al verme ha adivinado que iba a fotografiar el amanecer y ha profetizado que el de hoy sería precioso visto desde el Camino de Ronda. He entendido este encuentro inesperado como una señal de la Diosa para que no dudara del lugar al que debía dirigirme para ser testigo de la salida del sol y el comienzo de un nuevo día.
He hecho bien en seguir las indicaciones del eterno femenino y he podido disfrutar de un bello amanecer. Es tal la belleza de este sitio que he reconocido la mano divina en su diseño. Como recoge el Evangelio de Tomás, “el paraíso está delante de nuestros ojos, pero la mayoría no sabe verlo”.

Me deleito contemplando el curvilíneo horizonte que separa el despejado cielo celeste del mar azulado erizado por la brisa marina y en cuya superficie las corriente marina dibuja espirales. Debido a esta corriente los nutrientes marinos afloran a la superficie, lo que pone en marcha un motor trófico del que toman su energía vital los peces, los cetáceos, los túnidos, las tortugas y una amplia variedad de aves marinas. En este periodo de mediados de otoño, el motor trófico alcanza su máxima potencia y, como consecuencia, es posible disfrutar de una concentración de muchas formas de vida.
Gracias a mis prismáticos logro divisar a las pardelas cenicienta que en gran número vuelan cerca de la costa de Ceuta en estas fechas. El paso es constante y a veces tan intenso que forma un denso tubo pegado a la superficie del mar. También observo alcatraces lazándose en picado para pescar y cormoranes que buscan algo que llevarse al pico.

Resulta agradable estar sentado en un escalón natural con el cuaderno en la mano y el sol calentando tu cuerpo. El calor del sol es compensado con el fresco viento de poniente. Esta combinación equilibrada de frío y calor me aporta un gran bienestar. El aire fresco sienta muy bien a los pulmones, acostumbrados a la concentrada atmósfera de las aulas del instituto.
Acomodo mi cuerpo al pedregoso suelo y me reclino con los ojos cerrados para meditar en silencio. El único sonido que percibo es el del ligero batir del mar en la orilla y el graznido de una pareja de cuervos que sobrevuelan la cala de Desnarigado.
La contemplación de la naturaleza sitúa al ser humano en la posición que le corresponde. Somos una especie de la creación divina llamados a ser su guardián, jardinero y relator de su magia, sacralidad y belleza. Nuestro principal don es el de la conciencia y la capacidad de expresar sensaciones, emociones, pensamientos e intuiciones. Estas cuatro funciones tienen que estar equilibradas y para ello debemos situarnos en el centro de nuestro ser. Todos tenemos una función dominante en nuestra psique, por lo que no resulta fácil alcanzar la plenitud. El introvertido tiende a desantender la expresión de los sentimientos y el extrovertido olvida el cultivo de su mundo interior. Cuanto más cultivamos “nuestro jardín”, menos nos atraen la satisfacciones materiales y corporales.

El ego persigue el poder, el dominio, el placer carnal y esta quimérica búsqueda termina secando el alma. Para revitalizar y mantenerla sana, el alma requiere que la nutramos con la belleza y el agua de la vida que mana de la fuente situada en el centro de nuestro ser. Desde aquí tomamos conciencia de que somos una diminuta luz consciente en la insoldable oscuridad de un cosmos inabarcable. Es entonces cuando se nos revela que esta luz es eterna y que siempre ilumina a los que hemos amado en nuestra vida. Al escribir estas palabras mis ojos se llenan de lágrimas al pensar en mi padre y sentir que sigue a mi lado, aunque no pueda ver con mis ojos carnales y abrazarlo con mi cuerpo material. Su manera de manifestarse ha sido inspirándome estos pensamientos y despertando en mi corazón esta emoción incontenible.
Mi padre emergió del alma del mundo para cumplir su misión, igual que lo yo he hecho para realizar la tarea que me ha sido encomendada. Me debo a quién me creo, aunque la vida merece ser vivida, no podemos descuidar nuestro destino. Yo he recibido todo lo que cualquier persona desearía tener: amor, sabiduría, creatividad, imaginación, experiencias gratificantes, un bello lugar en el que vivir, un buen trabajo, una casa confortable, buenos amigos y una familia maravillosa. A cambio se requiere de mí que amplíe mi nivel de conciencia, sea “fuente de agua viva” y guardián del templo de Sophia.
