JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, 28 de septiembre de 2024.

Hoy me he levantado temprano. Tengo cogida la hora de ir al trabajo y ya sea sábado, domingo o festivo me despierto a la misma hora y no puedo seguir en la cama.

A las 7:40 h ya estaba en el Monte Hacho aguardando al amanecer y atento al firmamento por si veía el cometa que surca el cielo nocturno en estos primeros días de otoño. He identificado varias estelas, pero eran de aviones.

Desde el mirador de Punta Almina he contemplado el amanecer en este día despejado y luminoso. Luego he probado los distintos elementos del maletín de escritor de la naturaleza que he recibido por mi cumpleaños. La idea ha sido de mi mujer Silvia y ha contado con la complicidad de mis hijos Alejandro y Sofía. Silvia es muy detallista y se curra mucho los regalos. Este presente me ha hecho una ilusión especial pues estoy un poco bajo de ánimo por el reciente fallecimiento de mi padre y el abandono del hogar de mi hijo para comenzar sus estudios universitarios. Necesitaba un empujón para recuperar la ilusión por escribir y estudiar la naturaleza de Ceuta.

El maletín está equipado con una brújula profesional y dos lupas de precisión para no perderme ningún detalle de la flora y la geología de Ceuta. Gracias a un palo de madera se convierte en un cómodo atril para escribir. Es algo realmente fantástico. En internet se publicita como maletín para escritores nostálgicos. Yo diría, más bien, para amanuenses románticos. Estoy seguro de que este maletín sería del agrado de escritores a los que admiro, como Henry David Thoreau, Goethe o Walt Whitman.

Me he sentado a estrenarlo en la escalera que llevan al fuerte de Punta Almina, en el mismo lugar en el que escribí la elegía a mi padre. Hace una temperatura fresca debido al viento de poniente que el sol suaviza con su candor. Al llegar aquí observé una concentración de aves marinas y delfines dándose un festín de comida en un banco de peces al que se han arrimado algunos barcos de recreo dedicados a la pesca deportiva. Es habitual en estas fechas estas concentraciones de vida que resultan muy atractivas e interesantes desde el punto de vista científico. Pronto llegarán las pardelas cenicientas y, a buen seguro, que disfrutaremos de este espectáculo de la naturaleza.

Me asomó al Estrecho de Gibraltar y me entusiasma la belleza que capta mi mirada. Tengo delante de mí un paisaje mitológico en el que sobresale Gibraltar, conocida en la antigüedad como Calpe y considera una de las columnas de Hércules. La africana era Abyla, identificada con el Monte Hacho o el Yebel Musa. Ambas montañas son merecedoras de su consideración sagrada y mitológica. Cada día me resulta más evidente que pocos lugares ofrecen unas panorámicas tan sobrecogedoras, sagradas e inspiradoras. Éste es el paraíso para un místico, una naturalista y un escritor de la naturaleza.

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