JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, 3 de diciembre de 2022.

He salido de casa sin tener decidido mi destino. No obstante, según avanzaba en mi camino iba creciendo mi deseo de contemplar la naturaleza de Ceuta desde una perspectiva amplia. Siguiendo este impulso, me he dirigido al mirador de Isabel II desde el que he observado el amanecer.

Al sureste de la península ceutí el sol marcaba su punto de salida con una estrecha franja de color fresa. Todo un bello frente de nubes algodonosas se situaban al norte de Ceuta para componer una hermosa estampa en la que el azul de la noche iba dando paso a las tonalidades anaranjadas, rojizas y doradas propias de la aurora. La llegada de luz deja al descubierto ante mis ojos el negro del terreno abrasado en el incendio forestal de finales del pasado verano.

Para tener una visión aún más abierta de Ceuta y del Estrecho de Gibraltar he subido hasta el monte de la Tortuga por un empinado sendero despertando a los mirlos que abundan en este lugar. Uno de ellos me ha acompañado durante el rato que he estado en el mirador del Isabel II.

Ahora mismo estoy sentado sobre un banquillo que rodea a una garita que mira a Ceuta. El sol incide de manera directa sobre mi cuerpo, lo que resulta muy agradable y reconfortante teniendo en cuenta la fría humedad que nos traído el viento de levante. Este viento también ha dejado sobre Ceuta y el Estrecho una neblina que difumina los paisajes. A pesar de esta circunstancia, disfruto de una envidiable panorámica del Estrecho de Gibraltar.

La confluencia de los dos mares es, a esta hora, un espejo en el que se miran las nubes dejando su blanquecina impronta impresa en la azulada superficie marina. Todo nuestro mundo es el reflejo del reino imaginal creado de manera incesante por Sophia Aeternae. Lo que aquí sucede tiene una incidencia en el plano celestial y viceversa, cumpliendo el principio hermético de “cómo es abajo es arriba, cómo es arriba es abajo”. Por este motivo, la contemplación de la naturaleza y su descripción escrita es una forma de conectar lo terrenal y lo celestial. Me siento en este momento como el centro del mundo, como un punto de luz consciente encendida en el cosmos al que me elevo para verme a mí y a la tierra cómo un todo. Un estremecimiento recorre mi cuerpo al sentirme tan insignificante en una inmensidad inabarcable por mi limitada conciencia humana, pero al mismo tiempo me siento feliz y dichoso de poder atisbar una porción de totalidad. Viene hasta aquí buscando una perspectiva más amplia de mi realidad, pero lo que ahora he contemplado supera con creces mis expectativas. Desde esta altura cósmica todos los asuntos mundanios se relativizan, ¿En qué lugar quedan las inquietudes cotidianas cuando uno observa y toma conciencia de lo eterno?

            Tras escribir el anterior pasaje no deseo otra cosa que permanecer en silencio para formar parte del coro de la naturaleza que canta una melodía que suele pasar desapercibida.

            En la senda de regreso observo que sobre la negra superficie quemada han surgido manchas verdes que simbolizan la fuerza regeneradora de la vida. Me resulta francamente poético:

Fuerza vital que resurge de las cenizas,

Como ave fenix.

Vuelve a pintar de verde la piel abrasada

de la naturaleza maltratada.

Escucha mi callado llanto

Que inunda mi corazón doliente

Por el sufrimiento de la tierra a la que amo.

Sustituye mis lágrimas por el agua de la vida

capaz de regenerar este ennegrecido campo.

Préstame algo de tu fuerza inspiradora

para que mis improvisados versos conmuevan

los corazones dormidos de mis vecinos.

Haz que los sentimientos transformados en palabras

ensanchen las almas plegadas como las sabanas

tras una noche de profundos sueños.

Deshaz el nudo que aprieta mi garganta

por la emoción que surge de  mis entrañas

ante el dolor que me provoca la tierra quemada.

Conviérteme en un árbol que eche raíces

en este lugar ennegrecido.

Hazme bellota del alcornoque,

Como la que planta mi amigo Julio,

Con el que me cruzo y converso en el camino.

Quiero ser  parte de la recuperación de este lugar

en apariencia dormido, pero en el que la fuerza vital

recorre sus venas para cicratizar las heridas abiertas

en su negra piel por las torrenciales aguas.

Soy un árbol solitario en mitad de un erial

que ansía la compañía de otros que me ayuden

a recuperar este sitio tan bello y especial.

Dejo que la fuerza vital tome el control de mi voluntad

Superando el miedo a volar en dirección

al mundo imaginal.

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