Ceuta, 24 de enero de 2026.
En la tónica de los últimos días y semanas, he dormido mal. Me desperté a las 5:11 h de la madrugada y fui al servicio. Intenté no pensar en nada para volver a quedarme dormido, antes de que sonara el despertador a las 7:15 h. Recuerdo ahora que a medianoche un potente trueno rompió mi sueño. Ayer por la tarde también se escucharon los truenos. Llovió con mucha intensidad y sopló un viento huracanado.

Sobre las 20:00 h, una ráfaga de viento fortísima barrió Ceuta, provocando diversos daños por toda la ciudad. Sus consecuencias las he apreciado esta mañana, cuando, cerca del garaje, he observado dos motos tiradas en el suelo y varios contenedores desplazados y volcados en la calzada.
La borrasca Ingrid ha hecho de las suyas y se prevé que vengan más, trayéndonos de nuevo viento y agua. Está siendo un invierno especialmente duro, en cuanto a las condiciones meteorológicas se refiere. No recordaba un invierno así desde que era pequeño y estaba todos los días con las botas de agua.

Ha parado de llover hasta un momento. Hace frío y las nubes grisáceas cubren el cielo y el horizonte. Pensaba que el mar estaría muy agitado, con grandes olas golpeando los acantilados del monte Hacho. Al asomarme a la cala del Desnarigado escucho a mi querida pareja de cuervos esperando la llegada del sol. Un par de gaviotas también se han acercado al mirador y desde aquí han emitido sus estridentes graznidos para informar de la situación del tiempo.

Vuelve a chispear débilmente y es visible un frente de lluvia en las inmediaciones del Desnarigado. Descarga agua en un mar que adquiere una tonalidad verdosa. Según se incrementa la luz del nuevo día, observo que el frente de lluvia es inmenso. Llega otro desde el centro de Ceuta. No dispongo de mucho tiempo, si no quiero mojarme, para seguir describiendo los frentes lluviosos. Para apreciarlos bien, hay que contemplarlos cayendo la lluvia en el mar, como estoy haciendo esta mañana de vendaval. Hay que estar atento, ya que, si no prestas atención al paso de las nubes, es fácil que te sorprenda un intenso aguacero y te pongas chorreando. Yo he tenido suerte, pues al volver al coche para coger mi gorro, ha apretado con fuerza la lluvia.
La cortina de lluvia es inmensa y viene acompañada de fuertes ráfagas de viento. Lo prudente es esperar a que desate toda su cólera y se relaje.

Después del sueño de esta noche no podía dejar de visitar la fuente de la Victoria, identificada en el periodo medieval islámico de Ceuta con Ma al Hayat: la fuente del agua de la vida. En este lugar, según el relato coránico, se produjo el encuentro entre Musa y al-Khidr.
El agua cae con fuerza esta mañana antes de mezclarse en la confluencia de los dos mares.
Estando en la fuente de la Victoria, publicaron, en el grupo de aves de WhatsApp, un mensaje que alertaba de la aparición en Benzú del cuerpo de un zifio de Cuvier.

Sin perder un segundo, me dirigí a la entrada del poblado de Benzú y allí estaba el cuerpo del cetáceo golpeado por las olas.
Grabé un vídeo e hice algunas fotos para compartirlas en el grupo de WhatsApp y se las envié a Óscar. También lo llamé y a los pocos minutos me devolvió la llamada. Me contó que el animal había llegado vivo, pero los compañeros del CECAM no pudieron hacer nada para devolverlo al mar. Solo quedaba que la empresa ATHISA sacara el cuerpo de la playa para trasladarlo al pudridero de animales marinos.
Yo pude tocar su cuerpo, aún caliente. Su muerte se suma a la de otros cuatro zifios localizados en Almería y Murcia. En aquellas costas se habían practicado unas maniobras militares con sonares para localizar submarinos rusos. Todo apunta a que estos sonares están detrás de la muerte de los zifios, como ocurrió hace unos años en aguas de Canarias. Según me comentó Óscar, el ruido de los sonares hace que los zifios suban a gran velocidad a la superficie, sin que les dé tiempo a la descompresión y, como consecuencia, sufren embolias cerebrales y mueren.
El ser humano, con sus artilugios electrónicos, está acabando con estos cetáceos tan singulares y especiales. En general, la humanidad ha alterado el equilibrio ecológico de la tierra y causado la extinción de miles de especies.
Tras el rato que pasé con el zifio, me adentré en el arroyo de Calamocarro para comprobar si había crecido su caudal. Y sí, llevaba mucha más agua que el pasado sábado. No disponía de mucho tiempo. Se había hecho tarde y todavía tenía que hacer la compra. Así que me limité a recorrer el arroyo grabando vídeos cortos y tomando fotografías. No obstante, a pesar del poco tiempo que disponía, disfruté mucho escuchando el sonido del agua y cómo serpenteaba por el arroyo. Cuando cierro los ojos, sigo oyendo el agua fresca y transparente abriéndose paso entre los sauces y las adelfas.
