JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Existe una anécdota que Richard Wilhelm relató a su amigo Carl Gustav Jung como “la historia del hacedor de lluvia chino” de Kiao Tchou.

“Había una gran sequía en el territorio en el que se hallaba Richard Wilhelm: desde hacía varios meses no caía una gota de lluvia y la situación se hizo catastrófica. Los católicos hicieron procesiones, los protestantes elevaron sus plegarias, y los chinos quemaron incienso y dispararon sus fusiles para espantar a los demonios de la sequía.

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Los chinos se dijeron: debemos buscar al hacedor de lluvia, y aquel vino de una de las provincias. Era un hombre anciano y delgado. Dijo que la única cosa que necesitaba era que pusiesen a su disposición una pequeña casa tranquila, en ella se encerró durante tres días. Al cuarto día, las nubes se amontaron y se produjo una fuerte caída de nieve, en una época del año donde no era previsible y en una cantidad no habitual.

Richard Wilhelm (1873-1930)

Tantos rumores circulaban respecto a este extraordinario hacedor de lluvia que Wilhelm fue a verlo y le preguntó cómo lo había hecho. El pequeño chino le respondió: “yo no hice la nieve, no soy responsable de ello. Pero, ¿Qué ha hecho usted durante estos tres días? Oh, eso puedo explicárselo, es simple.

Vengo de un país donde las cosas son las que deben ser. Aquí las cosas no están en orden, no son como deberían ser, según el orden celeste, entonces todo el país está fuera del Tao. Yo dejé de estar en el orden natural de las cosas porque el país no lo estaba. Así la única cosa que tenía que hacer es aguardar tres días hasta que volví a encontrar el Tao y, entonces, naturalmente, el Tao hizo la nieve”.

Así como piensa Oriente: sin casualidad. Simplemente volvió al Tao. Verás, cuando la atmósfera en esta habitación es inapropiada, restauro aquí un poco de Tao y crece como un árbol de rápido crecimiento, con ramas que se extienden por todas partes. El Tao está en la habitación y nada malo puede suceder. Esta es la idea de lo que yo llamo sincronicidad. Pensamos, según la suposición occidental de la casualidad, que una cosa produce otra. Pero esa es, en sí misma, una idea mágica, le damos un valor mágico a las causas, pensamos que una cosa inevitablemente da lugar a otra. En realidad, solo vemos secuencias regulares y hacemos la hipótesis de causalidad; atribuimos la virtud de la causalidad a una cosa y explicamos la serie regular de eventos mediante esa hipótesis mágica.

Carl Gustav Jung (1875-1961)

Por supuesto, el europeo diría que esperó el tiempo suficiente hasta que llegó la lluvia, que la lluvia debería llegar. Si no hubiera llegado en tres días, habrían sido cuatro días, o tal vez seis. Pero el hacedor de lluvia entró en el Tao, no se puede negar, y tardó el tiempo suficiente. No se puede probar que el hombre fuera un estafador porque nunca dijo que produjo la lluvia, cuando el mismo estaba en lo correcto, llovió. Es un milagro solo para alguien que piensa según las líneas de la causalidad, pero si uno piensa psicológicamente, está absolutamente convencido de que las cosas naturalmente toman ese camino. Si uno tiene la actitud correcta, entonces suceden las cosas correctas. Uno no lo hace correcto, simplemente es correcto, y uno siente que tiene que suceder de esta manera. Es como si uno estuviera dentro de las cosas. Si uno siente que es correcto, esa cosa debe aparecer, encaja. Solo cuando una tiene una actitud equivocada uno siente que las cosas no encajan, que son extrañas. Cuando alguien me dice que en su entorno siempre suceden cosas incorrectas, le digo: eres tú quién estás equivocado, no estás en el Tao; si estuvieras en el Tao sentirías que las cosas son como quien tienen que ser. Ciertamente, a veces uno está en el valle de la oscuridad, suceden cosas oscuras, y entonces las cosas oscuras pertenecen allí, son las que deben suceder entonces; no obstante, están en el Tao.

Es, por supuesto, un tipo de experiencia que para nuestra mentalidad occidental es una completa tontería. Uno nunca puede probar, por ejemplo, que su actitud es sincera. Uno se dice a sí mismo, bueno, me siento bien, y el hecho de que vengas a verme también es correcto en el momento adecuado, y parece una charla vacía; sin embargo, visto desde un punto de vista psicológico, es sumamente importante. Marca una diferencia abismal, porque en un caso, el mundo es como debería ser, uno es hermano de todos; y en el otro caso, todos son demonios, todo está mal, y uno se siente mal, lo cual, por supuesto, no es una condición ideal. Su puede explicar la condición causal y científicamente, teóricamente es perfecta, pero eso no impide que uno se sienta fatal. Así que les aseguro que, desde cierto punto de vista psicológico, la idea vale la pena, al menos vale la pena discutirla (Carl Gustav Jung, Interpretation of Visions, Princepton University Press, 1997, pp.333-335).

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