JOSÉ MANUEL PÉREZ RIVERA, ARQUEÓLOGO Y ESCRITOR
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Ceuta, 17 de abril de 2026.

Anoche puse el despertador a las 6:20 h. No quería perderme el amanecer de hoy. Las previsiones apuntan a que vamos a disfrutar de un magnífico amanecer.

Cuando me asomé por la ventana, observé que la niebla difuminaba los focos que iluminan los muros de la fortaleza del Hacho. La niebla podría perjudicar la contemplación del alba, como finalmente ha sucedido. No obstante, el viento de levante se ha detenido en el lapso de tiempo que ha antecedido a la salida del sol. De esta forma, he podido disfrutar de los vivos colores dorados y arrebolados con los que ha comenzado el día. El rojo del arrebol ha alcanzado una intensidad luminosa similar al de un pomelo maduro. Cierro los ojos y acude a mi mente la imagen de la franja rojiza que cubría el horizonte.

La humedad es muy intensa, pues la niebla ha tomado Ceuta en los minutos previos al amanecer. Aun así, he podido ver la salida del sol, filtrado por la niebla, lo que permitía mirar al astro rey cara a cara.

Junto al mirador del faro de Punta Almina, un nutrido grupo de gaviotas volaba y gritaba en torno al potente haz solar. Sus gritos, pidiendo la desaparición de la niebla, fueron escuchados por Euro, cuyo potente aliento movió las nubes bajas hacia Occidente, para terminaran reposando en el Campo Exterior de Ceuta.

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