Ceuta, 22 de abril de 2026.
La aplicación que utilizo para las previsiones de los atardeceres pronostica que hoy tendremos un buen ocaso. Llegaron incluso a anunciar que sería un amanecer genial, para luego clasificarlo de bueno. No parece que tengamos un espectáculo memorable debido a la espesa bruma que oculta la costa europea del Estrecho de Ceuta y también difumina la panorámica de nuestra ciudad. Esta niebla difusa imprime un aura misteriosa al paisaje que observo desde el mirador de San Antonio.

La bruma entra desde la bahía sur y se extiende por todo el círculo del Estrecho. La empuja un viento cálido cargado de polvo sahariano, que es más reconocible gracias a los rayos postreros del sol decadente. Por oriente, las luces adquieren una tonalidad cenicienta, que empieza a distinguirse del azul del cielo y de los estratos nubosos, hasta hace poco indistinguibles del resto de nubes.

El sol se oculta entre la espesa bruma que cruza el Estrecho de Ceuta. Este muro de nubes hace que la luz se expanda por el horizonte oriental y que gane altura. Al elevar la mirada, siguiendo a la luz, localizo a la luna en cuarto creciente.

Justo cuando el sol cae de manera definitiva, se escuchan con nitidez los agudos chirridos de los vencejos comunes y pálidos.
Pasa un buen rato hasta que las nubes cambian del gris al púrpura por las estribaciones de la cordillera del Haus y, en pocos minutos, se apagan.
